Un ambiente limpio necesita más minería

Como tantas otras paradojas a las que conduce la ignorancia, mucha gente supone que la minería es casi la contracara, el revés de la moneda de la pureza del medio ambiente. Esto viene porque antiguamente, como ocurría también con otras explotaciones industriales de todo tipo, se abandonaban residuos y se vertía los desechos a los cauces de los cuales se proveía el agua para beber. Esta práctica valía también para los residuos domiciliarios y es famoso lo que ocurría en Londres, ciudad en la cual los ciudadanos bebían cerveza antes que agua para evitar enfermedades. Claro, la diferencia estaba en que para producir cerveza había que hervir el agua.

Las cosas han cambiado para mejor en todos los sentidos, la tecnología ha abaratado costos y ahora se conoce que los residuos se pueden reciclar y volver a utilizar. Nadie admite la contaminación ni siquiera visual. No obstante, tanto sea por las viejas películas de espías en que los enemigos del protagonista mueren envenenados por cianuro o arsénico, como por montañas de residuos que todavía quedan de épocas pasadas, en nuestro caso los montes negros de las explotaciones de sulfato de aluminio que vemos camino a Barreal, la minería en general mantiene un grado relativamente alto de “mala prensa”. A tal fundamentalismo llegan algunas posturas, que ni siquiera admiten que el fuerte económico de nuestro país está fundado en recursos naturales como el petróleo, la minería, la pesca, la explotación de la plataforma submarina y, por supuesto el campo de la pampa húmeda. Son ventajas comparativas que permitirían desarrollar trabajo en servicios asociados a esos bienes que nos ha regalado Dios, como lo hacen hoy Australia, Nueva Zelanda, Noruega y, sin ir más lejos, Chile, que vive del cobre, la pesca y la fruta sin tener industria manufacturera. ¿Alguna vez vieron un producto que diga “made in Chile”?

Volvamos al tema. Hoy se hace evidente que necesitamos producir energía “limpia”, es decir, sin contaminar el ambiente quemando petróleo o sus derivados, que ha sido la forma en que la humanidad ha crecido de pequeños villorrios concentrados en Europa a los actuales más de 8 mil millones de habitantes distribuidos en todo el planeta. Uno de los problemas más urgentes a resolver es encontrar la manera de generar energía, que es materia prima transversal a toda actividad económica. Si fuera posible, hallar la forma de producirla de modo infinito, porque nuestra demanda no tiene ni tendrá límite, cada vez queremos estar más iluminados, enfriados, calentados, entretenidos, y para todo eso hace falta energía. Poco sentido tiene mover autos con electricidad si esa electricidad es generada con plantas térmicas, quemando fuel oil.

En algún momento se pensó en la energía nuclear, hoy casi descartada por peligrosa, hasta que descubrimos que había otra, que estaba allí frente a nuestra vista, que era gratis e infinita: el Sol. Esta semana se comenzó a hacer realidad un capítulo muy importante en el departamento Iglesia, que es uno de los lugares del mundo con mayor irradiación, como que en esta semana tenemos un promedio de índice UV para cualquiera de sus zonas de nivel 14, que es extremo, siendo normal en cualquier otra parte, de 4 ó 5.

Como resultado de un fideicomiso de 50 millones de dólares que está siendo integrado por Minera Andina del Sol, que administra Veladero, se financiará la instalación de una línea de 500kV no para traer, sino para exportar al resto del país y el mundo lo suficiente para abastecer una población de 500 mil habitantes, lo mismo que tiene hoy el Gran San Juan.

Hoy, ya hay disponibles paneles para aprovechar luminosidad y calor del sol para la décima parte, 55.000 personas, en Guañizuil, la vieja estancia que los Cantoni. Ahora en manos de la familia Grau, desde ese lugar este emprendimiento no sólo dará mejor calidad y estabilidad para las necesidades de la zona, sino que podrá abastecer a otras poblaciones del país. Pero ocurre que, para poder transformar el calor del sol en energía eléctrica en cantidades sin límite hacen falta no menos de 15 minerales que necesariamente deben salir de la actividad extractiva. Los más conocidos, litio, que es imprescindible para las baterías modernas, silicio que es materia elemental de los paneles solares, cobre para transportar ese flujo a grandes distancias, es decir, para construir un mundo más amigable desde el punto de vista del medio ambiente, hace falta mucha más minería que es, felizmente, lo que a nosotros nos sobra.

El juicio de quienes están o estuvieron en contra de la minería está o estuvo obnubilado por la ideología y el error de mirar un pequeño aspecto de la realidad y no alejarse un poco del árbol de enfrente para poder ver el conjunto del bosque. Para cuidar la casa común, como nos pidió Francisco en Laudato Si y sin desprendernos de nuestras aspiraciones y comodidades, la minería es una aliada necesaria. Si ya resultara imposible vivir sin sus derivados, más imprescindible será su explotación a medida que pase el tiempo.

Sin minería, no habrá manera de conseguir energía, el combustible del motor de nuestro bienestar.

Publicado en Diario de Cuyo el 02/12/2018

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *